Lo conseguiste, aunque no te lo creas
En el que hablamos de celebrar los éxitos (o de no hacerlo).
⭐ Querida lectora, te escribo esto mientras debería estar haciendo otras cosas, así que espero que me perdones si ando un poco distraído. He escrito algo. Ya te lo conté en la carta anterior. Se parece a una novela, también a un puzzle. Tiene palabras, tiene piezas. Por pura practicidad, hablaré de él como El Libro, más como ente que como objeto físico, que de momento no lo es. Pero, el caso es ese, que he terminado de escribir un tercer libro. Y no sé cómo sentirme al respecto (sí, hoy también hablamos de escribir, pero esto llevará a algún lado, lo prometo).

Puede que te parezca un poco raro, un poco precipitado. Hace solo un año de la publicación del último. Muchos escritores normales, y por normales quiero decir metidos en el circuito más comercial, se exigen al menos un libro al año. A mí, sinceramente, no me da la vida. Cuerpos celestiales (¿por qué me cuesta tanto decir el nombre de mis libros?) lleva existiendo mucho más tiempo escrito que publicado. Así que, mientras él reposaba, yo seguía escribiendo.
Este puzzle, El Libro, está formado relato a relato. Puse la primera pieza allá por 2020, mientras vivía con Laura y el mundo se sumía en una pandemia y un cambio de paradigma que algunos, los que quedamos vivos, todavía tratan de entender. La segunda pieza me encontró en la misma ciudad y en otra casa; y la tercera no llegó hasta 2023, con la maleta casi lista para venirme a Madrid sin billete de vuelta. Releo esta colección y me vienen a la mente recuerdos que no tienen nada que ver con ella, de una vida reciente, compartida con cada vez más gente. Casi hay un relato para cada persona que se ha echado una siesta en el sofá color teja.

Debería estar orgulloso de ella por lo que representa: haber conseguido terminar algo mientras las circunstancias vitales (mundiales) no paran de cambiar, mientras todo se vuelve un poco más confuso cada día. Hay escritores que no terminan nunca una novela, hay escritores que la terminan y no la publican, y los hay que terminan, publican y no encuentran lectores. No estoy exactamente en ninguno de esos casos (sin ser yo famosa, tranquis). Incluso hay escritores, artistas, personas, que ni pueden preocuparse por otra cosa que no sea poner un plato en la mesa al final del día. Y, la verdad, no termino de encontrar la sensación de logro.
No es que sea nada grave, tengo problemas mejores (menos del primer mundo), pero me gustaría saber si ese momento de gritar “¡Eureka!” llegará temprano o más bien tarde, o si es algo propio del medio. A lo mejor la satisfacción no puede llegar inmediatamente cuando se trata de libros que se tardan años en escribir.
También me gustaría saber exactamente qué tipo de validación necesito. Porque me siento satisfecho cada vez que alguien se acerca y me dice que le gustó una historia mía, un párrafo, incluso algunas palabras que decidí usar en una frase. Me siento satisfecho con cada reseña, sea buena o mala1, así que no sé qué es exactamente lo que busco. Lo malo del subidón de los buenos comentarios, de las cinco estrellas, es que se pasa rápido, está apagado por el agradecimiento, la disculpa, la vergüenza (no sé exactamente de qué, pero la vergüenza siempre está presente).
¿Es más gente lo que quiero o es otro tipo de reconocimiento? Porque me conozco y sé que si alguna vez llego a algo como ganar un premio, me parecerá genial, me alegraré muchísimo, pero encontraré la forma retorcida de decirme que “es lo que tenía que hacer, y por tanto, no es un logro”. Me bajaré de una nube que no me dejo crear. Ni siquiera es falsa humildad (horrible). Es una forma muy específica y minúscula de no estar satisfecho con uno mismo, una autodestrucción chiquitita que viene determinada por una forma malsana de autoexigencia casi infantil. Supongo que si le dices a un niño “es lo que tienes que hacer” cada vez que hace algo medianamente bien, el mensaje permea y te sale un adulto bastante pocho, pero que no puede evitar enumerar sus logros para a continuación soltarte “esto no significa nada”.
Por no dejar esto en una nota tan amarga, por salir de aquí con una solución, algo que me funciona cuando estoy así es dejar de pensar en mí como yo mismo. Es decir, tratarme más como una persona cercana que como un proyecto inalcanzable de vida. Si un amigo se me acercase y me dijese que acaba de terminar de escribir un libro, que ha acabado ese máster por el que lleva un año peleando o que por fin ha bloqueado a su ex, lo celebraría sin dudar. ¿Por qué no hacer lo mismo conmigo?
Quizás esa sea la única forma, dejar de darnos importancia para otorgarnos el mérito que nos merecemos.
Y, ahora, las otras estrellas
⭐ Mientras redactaba esta entrada, en lugar de buscar lo que diga cualquier autor, artista, lo que sea, sobre el logro, me puse a mirar (a deambular, más bien) por mis “guardados” para Tres Estrellas. Di con esta obra de Wilma Martins, perteneciente a la serie Cotidiano (1975-1984).
De una forma muy literal, me recordó a todos esos pensamientos que se introducen en las partes más tranquilas de nuestra cabeza y no dejan de dar vueltas hasta haberse comido cada espacio ganado a la inseguridad.
Después, intentando averiguar algo más sobre Wilma, me enteré de que estuvo realizando esta serie durante al menos 9 años de su vida (puede que incluso más, las fuentes son contradictorias y escasas) antes de recogerla en el libro Cotidiano (Caderno do desenho)2, y me pregunté si había algo en ella que se resistía a darla por terminada, si esperaba, como yo, a que alguien le dijese que soltara el lápiz, el pincel. Si se sintió realizada cuando cuando la acabó.
La crítica hablaba de Cotidiano como luminoso, un lugar lleno de fantasía, pero a mí el trabajo de Wilma me inspira algo distinto: la naturaleza invade espacios domésticos casi esqueléticos (reducidos a la irrelevancia), recordándonos la capacidad de lo vegetal y lo animal para salvarnos de la rutina, para devolverle el color a lo inerte, para conquistar toda creación humana.
Dada la suficiente libertad (la que viene con el tiempo, con la muerte), lo natural conquista a lo artificial. Creo que Wilma lo sabía de sobra. Creo que fue capaz de encontrar la poesía en ello.

⭐ Para acabar, y como ya os he dado bastante la matraca hoy, os dejo con uno de los regresos que más ilusión me hace, el de Ibeyi. Estas gemelas franco-cubanas me tienen bastante enamorado con su mezcla de sonidos, desde que las conociese allá por 2018 o 2019.
La tentación aquí en realidad es correr a la casa de la persona a la que no le gustó mi libro a pedirle disculpas personalmente y devolverle el tiempo invertido de alguna manera que todavía no se ha inventado.
Si alguien encuentra un pdf, que me lo haga saber, por favor.






Lo más importante que tengo que decir es que eres un grandísimo escritor con una voz y atmósfera propios. Y eso no lo consiguen la mayoría de escritores.
Escribí sobre esto literalmente el otro día. Es más común de lo que parece (según mi psicóloga) y quizá toca sentarse con uno mismo a tratar de apreciar, no lo conseguido, sino lo que hemos dedicado a conseguirlo y a darnos una palmada en la espalda y yo qué sé, inventarse una celebración aunque no nazca de pronto. Acostumbrarse a enorgullecerse de uno mismo y de sentirse vivo, no en constante “bueno pues ya lo he hecho”. Algo así como que romper esa inercia hay que hacerlo a machetazo porque no se rompe sola, es a voluntad. Y hablar con esa parte de nosotros que un día vio lo que hoy tenemos con cierta ambición.