Más tuyo que mío
En el que hablamos de separar la obra del artista, pero no como crees. No te asustes.
⭐ Querida lectora, parir una historia es una cosa muy rara. La última vez que hablamos, Cuerpos celestiales todavía no era una realidad material, solo era un sinfín de borradores en mi Drive y una maqueta en manos de mi editor. Ahora, dos meses y un minitour de presentaciones después, es un objeto físico con el que tú y otras lectoras podéis desarrollar una relación propia.
Es una historia que estuvo en mi cabeza años (escribí el primer capítulo en 2018), que tardé uno entero en gestar y muchos más en darle forma a su versión definitiva. Y, de alguna manera, todo ha pasado demasiado rápido. Esto en realidad no es así, pero así es como lo siento. Llevar tanto tiempo hablando de ella con amigos escritores y lectores me ha producido una sensación extrañísima, y de la que un sinfín de escritores han hablado antes: esta novela ya no es mía.

Creo, o siempre he creído, al menos, que cuando alguien decía eso de “la novela ahora es de los lectores” es porque es su historia para opinar, para disfrutar, para odiar si es necesario, para criticar sesudamente o para, simplemente, acumular en la mesilla hasta que sea el momento adecuado. No porque llegase a sentir incluso (estoy agrandando mucho este sentimiento, no se me malinterprete) un poco de desconexión.
Más que desconexión diría que me siento realizado. No pensaba que podía sentirme así de una forma tan… ¿pacífica? Sobre todo por mi experiencia previa. Con Todos mis santos necesitaba que la gente la leyese, que me diese el aprobado, necesitaba que me dijesen que no estaba chiflado por escribir lo que escribo y por querer dedicar mi tiempo a hacerlo.
Y ahora que Cuerpos celestiales puede leerla todo el mundo, ya no necesito la aprobación. Quiero discutir sobre ella con lectores, igual que haría con cualquier otra lectura. Quiero hablar de sus puntos fuertes y sus puntos débiles (que los tiene, claro que sí). Quiero contarles sus secretos y las pequeñas referencias que el Manu del pasado fue metiendo cuando esta historia le tenía la cabeza comida.

Pero, ya no necesito que alguien venga y me diga “eres válido como escritor porque has hecho una buena obra, tienes mi permiso para seguir escribiendo”. Desde que acabé esta novela he seguido escribiendo relatos que solo han leído mis amigos, historias que he publicado para lectores que las querían antes de que existiesen, inicié esta newsletter que me ha permitido conectar con mucha gente. Sin el permiso de nadie.
Esta desconexión que siento, si se la puede llamar así, es sana, es la adecuada. Es satisfacción. Es superación. Si a alguien no le gusta alguna de mis obras, bueno, me parece válido. Hay muchos libros que a mí no me gustan. Probablemente hay más libros que no me gustan que libros de los que disfruto.
Si a alguien le apetece venir a decirme que Cuerpos celestiales es basura le diría dos cosas. La primera es que se equivoca, no es solo basura, si acaso es basura woke. La segunda es que me parece genial, pone mi nombre, pero ¡ya no es mi libro! Sí, son mis pensamientos, son mis entrañas (madre mía si lo son), pero me he liberado de la aprobación que necesitaba, así que, ya no es mi libro, es de los lectores, ¡discute con ellos!

P.D.: para ponerme extra ñoño, podría decir que esta historia es más nuestra que mía. Porque también es de los lectores beta que me ayudaron a pulirla (Estefanía, Rafa, Virginia y Fernando), de Coral, que hizo que la escribiera en primer lugar, de su prologuista, T.P. Mira-Echeverría, de les ilustradores, que le han dado vida, de su editor, que lo ha unido todo, y de Elena, que se la recomienda a todo el mundo. Así que, qué suerte que esta historia ya no sea mía.
Y ahora, vamos con las otras estrellas
El verano puede ser un suplicio a nivel cultural para algunas personas. Para mí, los podcasts que me acompañan a diario se toman un descanso y tengo la sensación de que la realidad se ha parado, pero, curiosamente, yo sigo teniendo que ir a la oficina a ser productivo. Aunque mi conexión con la actualidad, la política y las noticias parezca obligada a ponerse en pausa, el mundo, para sorpresa de nadie, no se detiene. El verano, como mínimo, es contradictorio.
Pero, bueno, al menos podemos aprovechar para colar esas cosas a las que no podemos hacerle hueco el resto de meses del año, bien por su formato, bien por el espacio mental que nos ocupen.
⭐ Yo ando escuchando estos días Delirios de España, de Juan Sanguino. En él, Sanguino nos relata episodios de la historia de la cultura popular de nuestro país que solo podrían haber ocurrido aquí, como qué hacía Marta Sánchez actuando para militares en la Guerra del Golfo o cómo Jesulín rompió todos los moldes y récords en el mundo del toreo.
La temporada actual narra cómo llegó a hacerse la película de Los otros (Alejandro Amenábar, 2001). Llevo tres capítulos de doce y os aseguro que sí, da para doce capítulos. Salgo de cada uno con ganas de ver las películas mencionadas y ponerme el siguiente en cuanto pueda. Perfecto para esta época.
⭐ Hablando de cosas pendientes, si no has visto el documental Paris is burning (Jennie Livingston, 1990), ya estás tardando. Fue un pilar fundamental cuando estaba escribiendo Cuerpos celestiales y es la fuente de muchísimas referencias queer actuales. No habría ni voguing, ni Madonna, ni shade, ni reading sin la escena que narra este documental: el ballroom y las personas que le dieron vida en la Nueva York de finales del siglo pasado, la mayoría de ellos minorías raciales o disidencias sexuales y de género. Imprescindible.
Podéis encontrarlo en Mubi con la prueba gratuita de la plataforma, o en otros sitios, como este (es un documental de 35 años, creo que podemos verlo de forma gratuita sin sentirnos mal).
✨ Y esas son las cosas que han estado últimamente en mi cabeza, lectora. Espero haberte entretenido, haberte amenizado el verano o lo que sea que necesites en estos momentos. Si me cuentas algo que pretendas ver, escuchar o leer este verano, estaré encantado de leerte y añadirlo a mi carpetita de recomendaciones.
Nos leemos.


